El siguiente artículo pertenece a Ignacio Fernández Director Magíster en Psicología de las Organizaciones de la Universidad Adolfo Ibáñez a quien tuve la oportunidad de conocer en un gran taller de TAE (Thinking at the Edge) hace un tiempo atrás.
El artículo fue publicado en la revista Capital Humano de Laborum, y
lo comparto con Uds., porque me parece que traduce de excelente manera
el impacto del paradigma equivocado en la gran mayoría de nuestras
empresas chilenas, y muchas familiares, que no pueden crecer y por lo
tanto no hacen de Chile y otros tantos países, unos países
desarrollados.
Hoy es un lugar común hablar de la escasez de
talento. Veo el tema de una forma completamente diferente. El talento
se despliega en condiciones organizacionales que facilitan su
expresión. Esos ambientes son de confianza, donde se considera a las
personas como adultos autónomos y responsables, que saben administrar
sus metas, tiempos y procesos, que se mueven interiormente por el
sentido del equipo y de la empresa, y que no requieren ser controlados
desde la desconfianza. Generar estas condiciones de trabajo es
resultado de una concepción adulta y confiada en el ser humano.
Quienes
tienen una visión de la persona como alguien a quien hay que controlar
para que trabaje, pues así se logra rendimiento y productividad,
quienes creen que “la gente busca las oportunidades para sacar la
vuelta” son los que producen ambientes marcados por el miedo, por una
estructura rigurosa de supervisión y control, donde los errores son
penalizados buscando a los culpables y donde se genera un clima en que
es mejor ser promedio, no destacar ni mostrar capacidades
particularmente buenas para no recibir la molestia de los compañeros de
trabajo, el jefe o la empresa. Es una invitación a cumplir la meta y
nada más.
Estos ambientes son los que priman en la mayoría de
las empresas y son justamente los directivos y ejecutivos de estas
compañías parte de los que se lamentan por la falta de talento. Sin
dudas hay trabajadores que responden a este perfil más reactivo e
infantil y requieren un control tipo capataz, un trato firme y serio, y
control sobre sus comportamientos. También se observa que hay un número
creciente de personas y profesionales que buscan un ambiente de trabajo
adulto, marcado por la horizontalidad, por desafíos exigentes y
difíciles en el qué, y libertad para autoadministrar el cómo.
Trabajadores con perfiles y características diferentes reclaman
condiciones organizacionales diferentes. En ambientes tradicionales el
talento no aparecerá por ningún lado. Sería una apuesta de alto costo
para quien se atreva y con baja probabilidad de retorno.
El
talento está. No están las condiciones para que se despliegue. Si no
cambian las creencias de esos ejecutivos y no se dan cuenta que “los
talentos” buscan ambientes adultos, valoradores de la autonomía y las
posibilidades de creación, el talento seguirá faltando en sus empresas.
La evidencia muestra que el talento y la innovación requieren de
pasión, libertad y positividad para desplegarse. ¿Existe eso en su
empresa? Si no existe, es probable que haya muchas personas talentosas
asustadas y agazapadas, esperando la oportunidad de aportar valor.
El
talento es abundante y esté en cada lugar de las empresas. El desafío
de las organizaciones es construir las condiciones positivas para que
surja, tanto en lo individual como en lo colectivo. Ello no depende de
fijar políticas, crear normas, cambiar procesos, incluir estas ideas en
la planificación estratégica o emitir edictos organizacionales. Depende
de la gestión del sí mismo de los directivos. Dan confianza quienes
viven su vida en confianza. Dan positividad quienes viven con mirada
positiva. Crean espacios de innovación quienes encaran su vida como
protagonistas del propio aprendizaje y expansión. La falta de talento
es una crisis derivada de la escasa gestión del sí mismo de quienes
dirigen las empresas, pues desde su vida personal no se generan ni
irradian las condiciones para que el talento de despliegue. La falta de
talento está adentro de ellos, no está afuera. Afuera hay mucho,
competente, capaz, abundante y deseoso de ser desplegado.


















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